25 de septiembre de 2011

Capitulo 2 "Plan"

Eran las seis y media pasadas y sabía que llegaba tarde, pero no por ello se dió más prisa para llegar a su destino. Sabía con seguridad que Laura la esperaría hasta que apareciese a menos que la llamase para avisarla -cosa que nunca ocurría-. Su amiga solía esperar un margen de hora y media, a veces, dos. Aquel día había decidido compensar los tres cuartos de hora de retraso del pasado Lunes, ese día solo llegaba media hora tarde -un cuarto de hora menos-. El sol golpeaba sin piedad la calle y parecía que no se había enterado de que el Otoño había entrado hacía una semana. La única muestra de la existencia de la estación era el fresco que entraba por la ventana de noche y obligaba a taparse con el edredón.

Siguió caminando por la calle -atestada de gente- y evitó a un grupo de señoras que taponaban la circulación de caminantes. Finalmente la vió, allí en una esquina apoyada de espaldas a ella. Sonrió y se acercó.

-Ey, guapa ¿Cuánto cobras?-preguntó con voz grave.

Laura se dió la vuelta rápidamente para protestar contra ese gilipollas que le había confundido con una prostituta cuandoo descubrió que el autor era Sara y que la sonreía ampliamente.

-Eres idiota-la respondió Laura.
-Ha tenido gracia, no puedes negarte.

Laura puso los ojos en blanco y ambas echaron a andar.

-El otro día quedé con Aitor-empezó Sara.
-Siempre quedas con Aitor-gruñó Laura.
-Oh, por favor Laura tienes que superarlo de una vez-chistó su amiga rubia.
-¡Oh, sí! ¡Perdona que aún no haya superado que hace cuatro meses mi novio decidió liarse con mi mejor amiga y me cambió por ella en pareja sentimental!
-Está claro que los hombres las prefieren rubias-sentenció Sara- y tú eres morena.

Laura la fulminó con la mirada, después relajó su rostro mientras se masajeaba la mano vendada.

-Bueno, ya me da igual. Haz lo que quieras con el idiota de Aitor.

Sara se paró quieta mientras Laura seguía andando con cara de satisfación. Sara reaccionó cuando Laura estaba a mas de diez metros de distancia. Corrió hacia ella y la agarró del brazo.

-¿Qué me estás ocultando, manipuladora?-preguntó- ¡A tí todo lo que tenga que ver con Aitor te importa! ¿Qué es este cambio?
-Nada-sonrió Laura.
-¡Has conocido a un chico!
-Ahhhhhh... Quién sabe.
-¡Debes contármelo!
-No pienso hacerlo- aunque en realidad se moría de ganas de regodearse en la suerte que había tenido el día anterior con el médico de urgencias.
-¡Estas deseando contarmelo! ¡Lo sé! ¡Te conozco desde los trece pequeña gruñona!

Laura se encogió de hombros sin poder borrar de su rostro la sonrisa de felicidad.

-¿Qué me ocultas, guarra?-preguntó Sara colgándose del brazo de Laura.

Entonces vió la mano vendada.

-¡Eh! ¿Qué te ha pasado en la mano?
-Me quemé el otro día cocinando.
-Tienes manos de mantequilla, ya te lo he dicho... Cambiándo de tema. ¡Suelta todo acerca de ÉL!
-De acueeeeerdo-Laura se masajeó la mano- Le conocí en urgencias.
-¡En urgencias!-sonrió Sara- Seguro que es un jugador de football que se torció un tobillo, todo sudoroso y con la camiseta del equipo pegada al torso...
-Es el médico que me atendió.
-Vayaa, intelectual... Creía que te iban los tontos del bote como Aitor.
-No, a esos te los cedo-replicó Laura.
-¡Serás...!
-¿Me vas a dejar contartelo? Porque sino te quedas con las ganas.

Sara hizo un gesto de cerrar con llave su boca y calló.

-Pues bien, me atendió en urgencias porque era el único médico que había y... ¡Dios, es guapisimo!
-¿Cómo es?
-Tiene el pelo castaño y rizado. ¡Unos ojos! Unos ojos grises preciosos y está... ufff... cómo está.... ¿Y sabes lo mejor?
-¿Qué?-sonrió Sara.
-¡Me dijo que me echaría la pomada por donde yo quisiera!

Ambas gritaron de alegría.

-¡Me dió su número!
-¡¡Llámale, llámale!!
-¡Me da vergüenza!
-¿Cómo se llama?
-Miguel pero creo que era extranjero porque tenía acento...
-¿Acento?
-Sí, como italiano...

Gritaron de nuevo excitadas de la alegría.

-Laura, Laura, Lau... Tienes que llamarle... ¡O mejor! ¡Deja que te rompa una pierna y así tengo que acompañarte yo! ¡Quiero verle!-aconsejó Sara feliz.
-¡Ni de coña! ¡Seguro que me lo quitas!
-¡Te juro que no lo haré!- juntó las manos Sara haciéndo un puchero.
-Bueno... podríamos ir un día... y verle... con la excusa de que no recuerdo que pomada me recomendó-dijo traviesa Laura.
-¡¿Quién eres tú y que has hecho con mi amiga?! ¡Apenas te reconozco!-rió Sara cogiéndo de nuevo del brazo a Laura.

Ambas rieron.

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