-Parece mentira que seas tú quién quieras verle-replicó Sara con una media sonrisa.
-¡Claro que quiero verle! pero... Creo que va a ser demasiado cantoso...-dijo Laura mordiéndose el labio.
-No, ni de coña. Es un plan perfecto y punto.
-Sara... Decir que me ha mordido una carpa del lago del Retiro es... imposible.
-Esa agua está llena de radiactividad, seguro. Y no lo pienso solo yo... Mira, esas carpas seguro que tienen hasta tres ojos como la de los Simpsons, estoy segura.
-Nunca he visto una.
-Tienen una boca terrible, te lo aseguro. Y dan mucho asco-explicó sintiendo un escalofrío Sara- te miran con sus tres ojos fijamente pensando en comerte...
-¿No estarían mirando la golosina de tu mano?-bromeó Laura a medida que iban caminando por la calle.
-No, te aseguro que me miraban fijamente. Con ansia vivaaa...
-Creo que has visto demasiado “La Hora de José Mota”
-Te estoy hablando en serio.
-Y yo a ti, no voy a ir y decir esa chorrada.
-Pues espero que tengas un plan mejor-chasqueó la lengua Sara mientras fruncía el ceño- digas lo que digas es un plan genial.
-Creo que es mejor pedirle de nuevo el nombre de la pomada-se sinceró Laura.
-Y la diversión se va por el retrete.
-Es aquí.
Ambas llegaron al hospital, un edificio de fachada grisácea y de cristaleras grandes con una verja abierta. El nombre estaba colocado en unas grandes letras azuladas en la entrada y ellas pasaron bajo ellas.
Siguieron el camino de las ambulancias hasta urgencias y llegaron a lo que eran unas puertas automáticas con una primera sala de espera alargada con mostrador.
Todo estaba desierto.
-Vaya… que gran emoción… ¿Estás segura de que esto es urgencias?-preguntó sarcástica Sara.
-No siempre ocurren catástrofes-dijo Laura sintiéndo el corazón a mil.
-Las películas son engañosas…
En ese instante por la izquierda apareció una chica con la bata de médico y el uniforme verdoso debajo.
-¡Perdona!-dijo Laura acercándose.
La chica tenía el pelo rizado oscuro y masticaba chicle. Las observó de arriba abajo y levantó una ceja.
-¿Queréis algo?-las preguntó.
-Sí, estamos buscándo a una persona…
-Aquí no hay ni un paciente, os habéis tenido que equivocar-contestó rápidamente y de malas maneras.
Sara frunció el ceño y torció el rostro, que tipa mas idiota.
-Buscamos a un médico-siguió Laura.
-¿Sí? ¿A quién?
-A Miguel.
La chica dejó de masticar durante unos instantes y la miró fijamente.
Casi acuchillándola con esos ojos castaños que tenía.
-¿Y qué queréis de él?-preguntó la médico cruzándose de brazos.
-Pues... es que me trató el otro día de una quemadura y... me mandó una pomada y... se me ha olvidado su nombre. Era para que me dijese cual era...
-Prueba con Furacin-respondió la chica casi ladrándo.
-Ya pero nos gustaría que fuese él quién se lo dijese, ya que la medicó. Así que si no te importa ¿puedes decirnos si está o no?-dijo, cansada de esa chica, Sara con la sonrisa más falsa y una ceja levantada.
Hubo un tenso silencio de apenas un segundo, luego la médico bufó y se dio la vuelta, saliendo por uno de los pasillos.
Laura abrió los ojos.
-¿Y esa quién era?
-¿Y yo que sé? Tiene pinta de guarra-contestó Sara acercándose a uno de los asientos.
-¿Habrá ido a avisarle?
-¡Y yo que sé! Esperemos un rato y si no le llamas al móvil-Sara agarró una revista de las que había allí y se cruzó de piernas.
Laura asintió pero se quedó de pie.
La estancia estaba en completo silencio y no se oía si quiera el sonido de los coches que entraban de vez en cuando en el aparcamiento.
A cada minuto Laura estaba más nerviosa.
-Tía, yo creo que esa ha pasado de avisar a nadie-dijo al cabo de cinco minutos.
-No seas impaciente-contestó Sara concentrada en un articulo de la revista- Tia... ¿puedes creerte que este año se llevan los rombos fucsias? ¿En que mundo vivimos?
Laura bufó y se cruzó de brazos.
Maldita zorra de pelo rizado...
Al cabo de otros cinco minutos "la zorra de pelo rizado" había pasado a ser "la cabrona que no follaba, seguro".
-Tía, vamonos.
-Espera a que termine este artículo...-contestó Sara.
-Tía, cómprate la revista si te da la gana pero no voy a estar esperando eternamente...
-Es una pena-dijo una voz.
Laura se volvió y sonrió.
-Creia que no estabas.
-Más o menos-contestó Miguel con una sonrisa.
Sara alzó la vista y lo primero que pensó acerca de su amiga fue "¡será puta!"
El tal Miguel no estaba nada, NADA, mal.
Dejó la revista a un lado y se levantó del asiento.
-¿Qué es lo que querías?-preguntó él.
-Pues...
-Se le ha olvidado el nombre de la pomada-contestó con rapidez Sara- Hola, soy Sara. La mejor amiga de Laura.
-Encantado-sonrió Miguel después de echarla una buena mirada a la rubia. Luego volvió sus ojos grisáceos a la morena- ¿has probado con Furacin?
-Furacin, claaaro. Es que no me acordaba...-sonrió Laura.
-Sí, la pobre tiene una cabeza...-dijo Sara son otra sonrisa.
-Bueno... ¿algo más?
-Emm...-Laura levantó las cejas.
-¿Cuándo se termina tu turno?.
-¡Sara!
-¿Qué? ¡Pero si te interesa, tonta!
Miguel rió.
-La verdad es que termino tarde, lo siento-contestó.
Esa respuesta desanimó considerablemente a las chicas.
-Pero seguro que algún día puedo hacer un apaño-siguió Miguel guiñándolas el ojo.
-Genial-Laura sonrió ampliamente al igual que Sara.
-Llámame un día y veré que puedo hacer.
-¡Estupendo!-Laura asintió- entonces... ya nos veremos.
-Cuando quieras-sonrió el chico.
-Vale-Laura se sentía estúpida por no poder parar de sonreír- hasta luego.
-Adiós-se despidió también Sara guiñándole un ojo.
Ambas amigas salieron corriendo de las urgencias de ese hospital riéndo.
-¡No te creía! ¡No te creía! ¡Tonta de mí! ¡ESTÁ BUENÍSIMO!-chilló Sara.
-¡SHHHH! ¡Pues claro que lo está!
-¡Debería estar prohibido! ¡Es un jodido dios mediterráneo! Oh, Jesus... creo que me he corrido de solo verle...
-¡Sara!-rió Laura.
-¡Que maldita afortunada eres! ¿Y qué hago yo ahora? ¡Ahora Aitor no es nada...!-dramatizó Sara.
-Ahhhhh, pues te jodes-sonrio Laura.
-Que zorra eres...
-¡¡Ay, tiaa!! Quiero quedar con él.
-¡¡Llámale!! ¡¡¡Ahora mismo!!!-Sara la agarró del brazo medio histérica.
-¡Ahora no!
-¡Ahora!
-¡Qué no!
-¡Qué sí!
-Ya le llamaré.
-Si no lo haces tú, lo haré yo-amenazó Sara con su dedo índice.
-En cuanto llegue a casa lo hago, te lo juro.
-Más te vale.
Hay un pequeño silencio entre ellas mientras bajan la calle.
Luego se vuelven a mirar y sin poder evitarlo se ponen coloradas y vuelven a reír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario